Los poderosos y manipuladores medios de difusión, están retorciendo la verdad de los hechos que han comenzado a darse en Túnez y que se propagan en buena parte de los países islámicos como una lucha por el pueblo por conseguir la democracia, cuando lo cierto es que los pueblos se están sublevando ante la subida de los artículos de primera necesidad que, unido al paro y a los salarios ridículos, están provocando la miseria del pueblo.
Las democracias han conseguido desamortizar Europa de sus valores y ahora están haciendo lo mismo en Oriente. Sin los movimientos revolucionarios, filo marxistas y filo fascistas, el liberalismo se ha quedado apenas sin obstáculos para implantar la tiranía mundial del capitalismo. Únicamente le falta convencer las escasas conciencias de los individuos y de ahí su lucha contra las religiones (según Marx, la religión es la forma más sencilla para que un pueblo entienda la justicia), descristianizando Occidente y democratizando Oriente como paso previo a la desislamización, así se habrá conseguido un mundo de sociedades chatas y planas, sin pensamiento ni inquietudes para enfrentarse a la avaricia del liberalismo.
Una vez democratizados los citados movimientos filo marxistas mediante la máscara de las capitalistas social democracias, y estigmatizando los, también citados, movimientos filo fascistas a través del desconocimiento, la incultura y el resentimiento, los señoritos del “nuevo orden mundial” tienen el mundo en sus manos para exprimirlo como un limón, ahora sólo falta por conseguir las garantías de control para siempre, desanimando (ausencia de alma) a la persona. Contra esto nada podemos hacer si no recuperamos las conciencias unitarias de las Patrias, el orgullo de nuestras historias y culturas, y la fe en la persona como “portadora de valores eternos”, pero esto a los gilipollas de los progres les suena anticuado y es que hay veces que socialmente hablando es más necesario y creativo el regreso que el progreso.Nuestro enemigo ya no es el Marxismo porque no existe y, posiblemente, si reconociera los valores nacionales, la propiedad privada familiar como legitimo medio de vida, provista de función social y a la persona como individuo y no como medio de producción, no debería haber sido nunca nuestro enemigo. Nuestro enemigo, y el de ellos, siempre ha sido el liberalismo y sus democracias canallas al servicio del capitalismo. Pero unos y otros estamos voluntariamente ciegos y no queremos dejar de estarlo. Aunque hay una cosa bien clara, los sueños del Nacional Sindicalismo son la única pesadilla del Capitalismo, porque, ante todo, creemos en los estados antropocéntricos, es decir, originados en las personas. Pero los sueños no bastan porque si nos quedamos solamente en eso, caeríamos en el defecto del romanticismo y el romanticismo es una resignación consolada por el recuerdo y la añoranza. Debemos volver a los pensamientos críticos y revolucionarios, a los actos de creación colectiva, a la poesía que promete. Debemos volver a los orígenes porque sin orígenes no hay posibilidad de futuro.
Desde un principio, aunque solo sea a modo de seguridad, las personas hemos buscado unidades relacionadas con lo semejante, pero nunca se ha pretendido aliar civilizaciones, ya que las alianzas son para un momento dado con el propósito de lograr rentabilidades y no como forja de un destino común. Las culturas diferentes tienen propósitos diferentes; pero en todas debe predominar el afán de justicia, por eso el objetivo no debe ser la paz, el objetivo debe ser la Victoria de la Justicia ya que de la Justicia emanará, lógicamente, la Paz.Donde hay hambre nunca habrá Justicia, y Oriente, por su misticismo, siempre ha sido dócil respecto de sus gobernantes, pero tremendamente violento contra Occidente, un Occidente que, por otro lado, siempre ha buscado resolver sus problemas mediante revoluciones en sus propios territorios, entendiéndose como revolución el cambio de la leyes para ponerlas al servicio de las personas cubriendo sus necesidades y solucionando sus problemas, al contrario del liberalismo y sus democracias canallas, que nos han llenado de leyes que no sirven más que para someter y controlar a los pueblos y a las naciones bajo el pretexto del pacifismo, como máxima garantía para la permanencia de las tiranías. Oriente pasa hambre y Occidente la está empezando a sufrir, las urnas se llenan mientras los estómagos se vacían.
El triunfo de las democracias de sufragio trae como consecuencia la derrota de la persona y tácitamente la descomposición de los estados y las naciones, dejando a los pueblos el albedrío de las dictaduras de mercado. Al fin y al cabo para el liberalismo no somos otra cosa que una vulgar mercancía de usar y tirar.
¡HAY QUE ACABAR CON LA DEMOCRACIA!
El que lo quiera entender que lo entienda.
¡¡¡VIVA LA REVOLUCION NACIONAL SINDICALISTA!!
¡¡¡ARRIBA ESPAÑA!!
Carlos Rodríguez. Jefe Nacional del TNS