Ya nadie se cree las etiquetas con las que se presentan los grandes partidos. Para muchos catalanes los parlamentarios no son de derechas o de izquierdas, conservadores o progresistas, socialistas o liberales. Muchos catalanes ya han aprendido que sus verdaderas etiquetas son el egoísmo, la ineficacia y, en gran parte, la corrupción. La ilusión de votar se reduce a quitar al último déspota.
Es por esto que desde La Falange hemos vivido de nuevo este esperpento de elecciones, para que al final, y aunque los vencedores hayan sido “otros”, durante los próximos cuatro años, los catalanes sigamos sufriendo más paro, corrupción y nacionalismo producidos por estos políticos.